[terrestres] Tratamiento en rintis vírica con acetilcisteina y equinacea.

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TRATAMIENTO EN RINITIS VÍRICA CON ACETILCISTEINA Y EQUINACEA

Por Klara Tuset.



Las investigaciones clásicas sobre rinitis en tortugas apuntaban a que esta enfermedad tenía un origen bacteriano, concretamente en bacterias gram negativas, por lo que el tratamiento más usado hasta el momento ha sido antibiótico (fundamentalmente enrofloxacina).
Sin embargo, actualmente parece existir consenso en el hecho de que se trata de infecciones víricas, por lo que la administración de antibióticos no sería efectiva o, por lo menos, solo sería efectiva contra las sobreinfecciones o infecciones oportunistas que se producen en el animal afectado debido a su estado de debilidad inmunológica (defensas bajas). Un ejemplo de esto sería el efecto positivo en la enrofloxacina sobre las neumonías derivadas de la rinitis, aunque no actuara sobre la rinitis como tal.
En los últimos años se ha venido apuntando este cambio en el tratamiento de las rinitis al proponer sustituir la administración de antibióticos (normalmente Baytril –enrofloxacina-) por la administración de medicamentos sintomáticos (que alivian los síntomas de la enfermedad, aunque no la curan directamente) como es el famoso Paidoterín.
Esto se debe a que no existe ningún antibiótico eficaz contra los virus. Por ello, si la rinitis tiene un origen vírico no podremos combatirla directamente, sino simplemente intentar aliviar sus síntomas en todo lo posible (especialmente ese moqueo peligroso que termina provocando la asfixia).

COMBATIR LOS SÍNTOMAS

El problema que presenta el Paidoterín es que es un antihistamínico. Los antihistamínicos provocan una sedación que se traduce en una disminución de la respiración activa (se hace más lenta y espaciada), por lo que aumenta la cantidad de anhídrido carbónico en sangre y la sensación de ahogo es todavía mayor. Además, espesa las secreciones de moco, haciendo más fácil que éstas desciendan al árbol bronquial, en vez de gotear en forma líquida y fluida por las narinas.
Por último, no es recomendable utilizar fármacos de uso humano en forma de jarabes en las tortugas, ya que la gran mayoría de estos productos contienen alcoholes como disolventes de sus principios activos. Estos alcoholes no son dañinos para el hombre, pero pueden serlo para las tortugas.
Por ello, sería más seguro y efectivo emplear otros productos, como la N-acetilcisteina (Fluimucil, por ejemplo), un fluidificante de las secreciones bronquiales que permitiría que el moqueo se expulsara por nariz y no descendiese al árbol bronquial o los pulmones.
En mi opinión, la mejor manera de administrar la N-acetilcisteina sería mezclando los polvos de su presentación en sobres (no en jarabe) con la comida. Para asegurarnos de que la tortuga toma la dosis correcta se puede forzar su toma por vía oral con una jeringa o mezclarla con una cantidad pequeña de potito de verduras o pienso (lo suficientemente pequeña como para tener la seguridad de que la comerá entera). Esta última opción evita manipular a la tortuga y disminuye el estrés.
Los potitos o papillas de verduras podemos elaborarlos nosotros mismos cociendo las verduras y triturándolas (se añade agua al gusto para que no resulte demasiado espesa) o comprar los preparados que se encuentran en los supermercados asegurándonos de que no contienen huevo, leche o gluten (Hero Baby, por ejemplo).
La dosis de Fluimucil para tortugas es de 2,5 mg por kilo y la forma de administrarla sería así:
1º Diluir el sobre de 100 mg de Fluimucil Pediátrico en un vaso con 100 ml de agua (si es caliente se disuelve mucho mejor).
2º Cuando se enfría un poco, se coge una jeringa de insulina y se carga con 1 ml de esa disolución (que contendría 1 mg de Fluimucil).
3º Por último, se le administra la cantidad adecuada a su peso. Por ejemplo, si la tortuga pesara 100 gramos, le daríamos 0,25 ml de la jeringa por boca o añadido en el pienso o el potito (y le estaríamos dando 0,25 mg de Fluimucil).
4º El resto de la disolución puede conservarse en la nevera para dosis posteriores.
De todos modos, el tratamiento con N-aceltilcisteina es sintomático, por lo que sólo aliviaría los síntomas, pero no combatiría directamente la infección.

ACTUAR CONTRA LA INFECCIÓN

Para poder actuar contra la infección de manera directa emplearíamos Equinacea, una hierba procedente del centro y suroeste de América de la familia Asteraceae.
De los tres compuestos elaborados con equinacea que existen en el mercado farmacológico español reconocidos en el último Vademecum Médico (2002), yo recomiendo “Echinacea Arkocapsulas” de los laboratorios “Arkochim España”. Las otras dos marcas contienen otro tipo de compuestos además de la equinacea y se emplean para tratar infecciones urinarias, no respiratorias.
Echinacea Arkocapsulas se presenta en cápsulas de 250 mg de polvo de raíz de Echinacea Purpúrea. La dosis de equinacea en tortugas es de 1 mg por kilo y se administra de la siguiente manera durante una semana:
1º Cada cápsula contiene 250 mg de equinacea que se diluyen en 125 ml de agua muy caliente (hago una infusión y la dejo reposar).
2º Para una tortuga de 100 gramos se da 0,05 ml de la disolución (que contiene 0,5 mg de equinacea) por vía oral con una jeringa o mezclado con la comida.
3º El resto se puede conservar en nevera para las tomas siguientes.

EFECTOS DE LA EQUINÁCEA PURPÚREA

La equinacea aumenta la producción de los glóbulos blancos (las defensas del organismo) y, al mismo tiempo, tiene propiedades analgésicas (reduce la sensación de dolor o malestar), antisépticas (desinfecta) y antinflamatorias.
La equinacea es muy rica en “Equinacina”, un polisacárido soluble en agua, que es uno de los más efectivos estimuladores de las defensas del organismo, ya que refuerza el tejido celular aumentando la protección y la resistencia de las células a los ataques de las bacterias y las invasiones patógenas. Además, estimula la regeneración de los tejidos celulares que ya han sido dañados.
Otra propiedad, es que estimula la aparición y la acción de los fagocitos macrófagos, que fagocitan y digieren (“se comen”) a los agentes patógenos.
Por último, estos polisacáridos impiden la actuación de una encima llamada hialuronidasa. Esta encima resulta altamente dañina, ya que comienza a funcionar cuando hay una infección patógena e inhibe el ácido hialurónico de las células. Este ácido, por decirlo de algún modo, actúa como si fuera un “cemento” que mantiene a la célula unida. Cuando la hialuronidasa entra en funcionamiento hace desaparecer este ácido y la célula deja de estar cerrada y aislada, por lo que se facilita que entren ella los patógenos invasores.
La equinacea también contiene un ácido cafeínico llamado Equinacósido. La cafeína es un estimulante del sistema respiratorio y, este ácido en particular, es muy efectivo en la erradicación de virus, bacterias, hongos y protozoos. También estimula la regeneración de los tejidos celulares mediante una acción antirradicales libres y estimulando la producción de colágeno (una especie de reparador celular).
Otro de sus componentes es un alcaloide llamado “Pyrolizidina”, que es un anestésico y reduce la sensación de malestar y dolor de la tortuga, aunque su presencia en la raíz de la equinacea es muy baja (está más presente en sus ramas).
Hay que tener en cuenta que los compuestos farmacológicos de equinacea que encontraremos en el mercado contienen raíces de esta planta, no las partes aéreas. Cuidado con los compuestos de venta a peso en las herboristerías, ya pueden contener cualquiera de las nueve especies diferentes de equinacea (pallida, angustifolia...) y suele venderse mezclada con ginseng o própolis para potenciar su efecto.
Como conclusión, el tratamiento con equinacea sirve para aumentar las defensas del organismo y prevenir una posible infección, así como para ayudar a combatirlas cuando ya se han producido. Por ello, pude usarse de manera preventiva o como tratamiento complementario ante otras enfermedades infecciosas (no sólo rinitis vírica).

Klara Tuset
 
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